El Nieman Journalism Lab (NJL) investiga nuevas aplicaciones del periodismo para The New York Times (TNYT) Company. El diario neoyorquino, conocido popularmente por su prosa “rebuscada”, aplicó hace poco en su edición online una herramienta que permite al usuario subrayar una palabra y buscarla automáticamente en un diccionario online. Como es de esperar, el servidor de TNYT contabiliza dichas búsquedas y llega a la conclusión de que el término más buscado del año 2009 es sui generis, con 7.645 clicks. Alguno se atreverá a decir que “son yankis, no tienen tradición del latín”.

Hacer listitas es muy fácil y divertido. Y parece que a la gente le gusta saber de ellas pero, ¿qué aplicaciones verdaderamente útiles puede tener este “contador de analfabetismo”? Jonathan Feinberg, creador de Wordle, contesta al post de NJL, que le entusiasma la idea de aplicar esta herramienta a sus nubes de tags. CT Moore prevee alucinantes aplicaciones para los enlaces “hyper-target”, esas molestas traducciones con fines publicitarios que aparecen cuando pasamos el cursor sobre cualquier palabra en el navegador.

Unos cuantos comentarios más abajo, la “escritora profesional” KTS (seudónimo de no sabemos quién) dice “Write for your audience, not for ego.” ["Escribe para tu audiencia, no para tu ego"]. Efectivamente, hay gente que con tal de saber usar varias palabras de más de cinco sílabas en un mismo párrafo se considera ilustrada. KTS tiene razón, en parte, porque ser pomposo puede corromper el acto comunicativo. Pero, en palabras del tío de Spiderman: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Si empezamos a considerar las palabras estadísticamente pomposas como palabras a evitar, transformaremos a nuestro público -ya de por sí poco leído- en analfabetos de facto. Pondere usted primero si es verdaderamente necesario “atontar” sus textos.

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Los más de 200 millones de lectores habituales de prensa en India consumen unos 100 millones de ejemplares cada día. El incremento de ventas anual medio de sus más de 60.000 cabeceras es del 8%. Quién lo pillara. Y eso que, en realidad, el número de copias por cabecera es ridículo en proporción a las audiencias: el primer diario más leído del mundo[encontrará este dato confirmado y rebatido repetidas veces], el Dainik Jagran (La Alerta Diaria, en castellano, dirigido por Sanjay Gupta) imprime dos millones de copias y tiene una audiencia de 52 millones. Inflados de números a parte, su situación es envidiable.

Puede que sea la propia estructura de la sociedad (o sociedades) de India la que propicie una hiperespecialización según audiencias, y una férrea fidelización del lector. Además, el 70% de su población ya ha alcanzado la alfabetización, y es de esperar que la cifra siga aumentando.

Dos mujeres leen la prensa en India, de BoazImages (Flickr)

Y, ¿qué hay de sus versiones web? El jagran.com, asociado con Yahoo para su distribución desde 2007, es un portal envidiablemente sencillo con categorías tan aparentemente inverosímiles como: Novia, Importe de las frutas, Tesoros de la Alimentación, Libros Electrónicos, etc. [No descartamos fallos de traducción]. Según, la página oficial del Grupo Jagran, recibe más de un millón de visitas al día, con una media de estancia en la página de 54 minutos. El 70% de su audiencia online tiene entre 18 y 34 años (la esperanza de vida en India es de 65 años para los hombres y 70 las mujeres). Imaginen que la conexión a internet en India fuera plenamente accesible.

En resumen: estudiantes de Periodismo: hay futuro en el hindi. A ver para cuándo un título de la Escuela Oficial de Idiomas.

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Listas de diarios indios:           


Según la Ley de Murphy todo puede empeorar y lo hará. Pero habría que definir una categoría superior y definitiva de empeoramiento para la televisión. Dejando a un lado las consecuencias socioeconómicas y los despidos a mansalva que puedan surgir del nuevo panorama televisivo, las consecuencias para el espectador pueden ser la definitiva transición del caos al Armagedón informativo.

En una época en la que contrastar informaciones sin acceso directo a las altas esferas resulta frustrante, cansado y definitivamente inútil, ya es bastante tener que lidiar con las contradicciones de unos medios afines a unos y a otros. Pero cuando dichos medios se unen, y crean una contradicción no sólo tácita sino implícitamente pactada, estamos hablando del fin de la información. No del periodismo: de la información en sí misma.

TV War, de Midnight Digital (Flickr)

Nada asegura que la compra de Cuatro por parte de Telecinco, o que la fusión de Antena 3 y La Sexta afecte negativamente a sus ya cojos espacios informativos. Pero tampoco asegura que no vaya a ocurrir. La función “deseducadora” de los medios en España es ya más que intolerable, y ha llegado a unos niveles que ni siquiera el propio redactor puede combatir porque no tiene herramientas para ello. Incluso las bases de datos oficiales están tan viciadas por la retroalimentación de los medios que ya ningún dato resulta fiable. Y el redactor las consultará sólo si tiene tiempo de hacerlo, en una agenda informativa que premia la velocidad frente a la profundidad de campo (si no es que se limita a la primera y evita la segunda).

“Todos bebemos del mismo abrevadero”, decía ya en 1998 Geneva Overholser (hoy directora de la Escuela de Periodismo de Annemberg -Universidad del Sur de California-, y autora del Manifiesto por el Cambio a Favor del Periodismo). Ahora, más que nunca, bebemos del agua estancada de Google, Wikipedia, las agencias, y los demás medios. Y lo que resulta de beber agua estancada, todos lo sabemos.

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